Digital revolution and how it has affected our lives has been discussed quite a lot. One of the most obvious consequences has been the fragmentation of channels and audiences, a phenomenon that goes far beyond the audiovisual media.
What once was Audience (a uniform mass, well located and, don’t forget it, mute) has become something unclassifiable or, in any case, difficult to label and to wrap in one package. Viewer, consumer… those are concepts that no longer properly define the attitude of different groups of people. Not only does the audience breaks up: furthermore they got dispersed and, moreover, they express at their discretion and according to their own interests.
Another phenomenon fruit of this paradigm shift are transmedia narratives (TN) which, although not exclusively related to the digital environment, had experienced a considerable growth thanks to his help. They are stories that expand on different platforms and adopt the most varied forms. These stories made of stories, are structured in a complex whole: a Narrative Universe.
This is true to both the fiction and documentary (in general non-fiction) narrative. In fact, all communication becomes transmedia, including our personal stories. Accounts in Facebook, Instagram, Twitter… are fragments of our lives that we share with others.
It applies to people, businesses and brands.
Over the past century the brand-customer relationship was articulated over a single point: the sale. Even when it was understood that it was not possible to sell if there wasn’t a favorable situation and a positive reaction from the buyer, the axis was the same, because both pre-and post-sales revolve around the moment of the transaction.
The TN has changed that. These stories offer immersive experiences in which the user relationship with the narrative is prolonged and diversified. Brands that have understood it, know that selling is only a small part of the process. It is not a simple exchange purchase/sale: it is a shared, long and satisfying experience to all parties.
Thus communication, developed through this kind of narratives, becomes the user experience related to the brand’s universe.

(This article originally appeared in the newspaper “La Vanguardia” on July 22, 2014)

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COMPRO, VENDO, CAMBIO

Se ha hablado, y mucho, de la revolución digital y de cómo ha afectado a nuestras vidas. Una de las consecuencias más evidentes ha sido la fragmentación de canales y audiencias, fenómeno que va mucho más allá del entorno audiovisual.
Lo que en otro tiempo fue Público (una masa uniforme, bien localizada y, no lo olvidemos, muda) ha devenido algo inclasificable o, en todo caso, difícil de etiquetar y envolver en un solo paquete. Espectador, consumidor… son conceptos que ya no definen con propiedad la actitud de grupos diferenciados de personas. No es sólo que el público se fragmente: es que además se dispersa y, para colmo, se expresa según su criterio y en función de sus propios intereses.
Otro fenómeno fruto de este cambio de paradigma son las narrativas transmedia (NT) que aunque no son exclusivas de los entornos digitales si se han desarrollado gracias a ellos. Son historias que se expanden por distintas plataformas, adoptando las formas más variadas. Estos relatos compuestos de relatos, se estructuran en un todo complejo: un Universo Narrativo.
Esto es aplicable tanto al relato de ficción como al documental (en general, la no-ficción). De hecho, toda la comunicación deviene transmedia, lo que incluye nuestros relatos personales. Las cuentas en Facebook, Instagram, Twitter… son fragmentos de nuestras vidas que compartimos con los demás.
Sucede con las personas, con las empresas y también con las marcas.
Durante el siglo pasado la relación marca-cliente se articuló sobre un único punto: la venta. Incluso cuando se entendió que no era posible vender si no existía una situación propicia y una reacción positiva por parte del comprador, el eje fue el mismo, porque tanto pre- como post-venta giran sobre el momento de la transacción.
Las NT han cambiado eso. Estos relatos ofrecen experiencias inmersivas en las que la relación ente el usuario y la narración se prolonga y se diversifica. Las marcas que lo han entendido, saben que la venta es sólo una pequeña parte del proceso. No es un simple intercambio compra/venta: es una experiencia compartida, prolongada y satisfactoria para todas las partes.
Así, la comunicación, elaborada a través de este tipo de narrativas, se convierte en la experiencia del usuario en relación al Universo de la marca.

(Este artículo apareció originalmente publicado en el diario “La Vanguardia”, el 22 de julio de 2014)

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