El mundo de las historias está lleno de contradicciones irresolubles que, precisamente por ostentar esa cualidad, resultan más interesantes. Tal vez una de ellas sea ésta: los personajes que no saben expresarse son los que mejor se expresan.
Me gustan los personajes que no dicen lo que sienten, los que no saben expresarlo o los que, simplemente, no saben qué les pasa. Creo que esos personajes ofrecen un margen, crean un espacio en el que el público puede aportar algo propio a la historia.