lydon

rotten

Two faces, two names, two lives, two days, two men…

Dos rostros, dos nombres, dos vidas, dos días, dos hombres…

John Lydon tiene un cierto aire a Johnny Rotten, o puede que éste se parezca a aquel, o al John Joseph Lydon del que hablan algunos registros oficiales, papeles olvidados en archivadores llenos de polvo, documentos sumidos en el anonimato que brinda la burocracia gubernamental…

Es muy probable que ambos se cruzaran en algún momento de la historia, en la barra de un pub a punto de cerrar o en una calleja oscura, mal iluminada y con olor a orines. O tal vez fue en el pasillo enmoquetado de un hotel de lujo o en el backstage de una gala benéfica. Puede, incluso, que el encuentro se produjera de manera unilateral: mientras Johnny frotaba su cuerpo desnudo en la ducha, en un intento salvaje de eliminar la basura y la furia que se le había adherido a la piel y que, entre nubes de espuma, podía ver bajo las uñas… mientras Johnny se masturbaba, con la mirada perdida en el techo, intentando apartar de su mente la imagen de la primera ministra, que le impedía llevar a cabo su labor de viajero insomne… mientras Johnny miraba cómo el sol brillaba en las hojas de un árbol, e intentaba rescatar un recuerdo inexistente de una infancia olvidada.

Puede que en ese momento John sintiese un escalofrío que le recorría la espalda, como una caricia mórbida de un banshee. Un pensamiento lúgubre cruzó por su mente, tan rápido que no dejó traza ni recuerdo alguno: ¿y si en lugar de uno era dos? ¿o más? ¿y si, aunque él no lo supiera, era Legión?

La risa de un niño que jugaba por la zona le sacó de su ensimismamiento. Johnny volvió en sí, sin prestar atención a lo que estaba pensando instantes antes. Retumbó la voz de la madre, que llamaba al muchacho en un tono irritado: “Johnny, ¿Quieres hacer el favor de venir aquí?”

Pero Johnny no prestó atención. Al fin y al cabo el suyo era un nombre muy habitual y probablemente aquella mujer estaba llamando a otro.

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